Por una cooperación global

Vivimos en un mundo interdependiente en que ningún territorio, por rico y poderoso que sea, se puede aislar de la catástrofe. Este nuevo milenio ha nacido con el terror de la guerra e imágenes desgarradoras de gentes desesperadas por las consecuencias sociales de una economía mundial injusta. Entre los sucesos del 11-S, la dramática quiebra de Argentina, las imágenes de postguerra en Afganistán e Irak y la más que confirmada recesión actual, hay un hilo conductor: una globalización algarete.

Así pues, EE.UU. debe responder con una estrategia que consista en ganar corazones y mentes, que por cierto estamos viendo en su carrera presidencial. No obstante, hace falta reconstruir una legitimidad global como alternativa al fundamentalismo y exclusivismo, a pesar de que continuen las represalias matando aún más gente y creando más jóvenes alienados listos para convertirse en terroristas.

Por tanto, es necesario una alternativa de cooperación global. Un nuevo diálogo norte–sur recolocando los temas del desarrollo, incluso el sostenible, en la Agenda internacional. Es hora, pues, de regionalizar y descentralizar iniciativas y espacios de encuentro que vayan reconstruyendo la democracia denunciando la idea imperante de que no hay más opción que la vigente. En definitiva, evitar que al viejo silencio de los silenciados y al reciente de los que prefirieron callar, se sume el silencio de los que hablan.