Un lugar intermedio
Publicado por VeGaDoo en 25.4.08Qué engorroso es soportar a pesimistas y agoreros. Me dan yuyu, ¿se contagiará? Si la vida son dos días, ejerzo mi libertad para evitar pasarme la mitad rodeada de personas que consideran que el mundo es un desastre, los humanos seres vacíos y su existencia un drama. ¿Captarán que sus conversaciones agotan hasta la saciedad? Me temo que no. Ellos siguen empecinados en que su universo es de color negro y martirizan al resto repitiéndolo hasta dejarnos sin aliento; o peor aún, hasta hacernos cuestionar si somos bichos raros por no sufrir tanto como ellos.
El fatalista es un egocéntrico. Yo, me, mi, conmigo, yo me lo guiso y tú te lo comes. Cuando tenemos la mala pata de ser interlocutores de estas auténticas ´alegrías de la huerta´ sólo tenemos una posibilidad: los monosílabos. Ya me lo dijo un amigo psiquiatra: "si quieres transmitir empatía y confianza, haz lo mismo que yo. Cada minuto y medio di "ajá", "mmm" o "ya". Ellos se sienten escuchados y, mientras tanto y a sus espaldas, acabo de hacer el sudoku". La única diferencia es que a él le pagan, yo lo hago por amor al arte y, además, no entiendo los sudokus. Lo he probado todo. Nada ha funcionado. Les dices que tienen buen aspecto, te miran con cara de derrota y gimen que no entienden cómo es posible. Fin de la conversación.
Hubo una época en que me sentía una Juana de Arco cualquiera e intentaba hacerles comprender que en esta vida sólo estábamos de paso, que valía la pena tratar de saborearla y que probaran un cambio de actitud. Fue igual a darse golpes contra una pared. "Claro como tú tienes trabajo", lloriqueaban. "Tú también", respondía. "A ti te gusta". Vaya, comencé a sentirme mal por disfrutar con lo que hago. "No estás sola. Tus amigos te quieren", insistía en el consuelo a esa alma en pena que transita por los mundos terrenales. "Pero no tengo pareja". "Tampoco te gusta nadie", le rebatía. "¿Cómo va a gustarme alguien si todos (o todas) son iguales? Egoístas, inmaduros e infieles". The end.
Otra estrategia que practiqué fue la de copiar su actitud. Si ellos estaban mal, yo peor. Si ellos sufrían, yo más. Si tenían un catarro espantoso, el mío estaba al borde de la pulmonía. Y así sucesivamente. Abandoné. Tampoco funcionó. Me acabaron vilipendiando y tildando de poco solidaria y plañidera. Mientras tanto, yo exhausta. Demasiado estresante eso de estar siempre quejándose a, ante, con, de, hacia, por... algo o alguien.
Critican cualquier opción política y la meten en el saco de la pasividad y la generalidad. Claman contra sus compañeros de trabajo por no tenerlos en cuenta. Reprenden a sus amigos por no ocuparse suficientemente de ellos. Los camareros, los dependientes, los funcionarios y cualquier hijo de vecino son su amenaza potencial. Lloran por su vida y les importa un bledo la de los demás. Estoy segura que, entre el "mundo multicolor del pequeño pony" (como dice una amiga mía) y un episodio de La guerra de los mundos debe haber un lugar intermedio al que rezo cada noche para que algún día, todos esos aguafiestas, consigan llegar.
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